Carlos Fernández: «En Castreña queremos democratizar el buen gusto: disfrutar de una cerveza o una hamburguesa bien hechas y a un buen precio»
La cervecera berciana afronta una nueva etapa marcada por el crecimiento, la consolidación de su fábrica, la apuesta por locales propios, mientras prepara nuevos proyectos

Desde sus comienzos como cerveceros nómadas en 2015 hasta convertirse en una de las referencias del movimiento craft en El Bierzo, Castreña ha recorrido un camino marcado por la apuesta por el territorio, la gastronomía y la innovación. Carlos y Nerea pusieron en marcha el proyecto con la intención de crear una fábrica vinculada al medio rural y hoy cuentan con una fábrica en Carucedo, dos locales en Ponferrada, una plantilla de 19 personas y una red de distribución que lleva sus cervezas a diferentes puntos de España e incluso Portugal. La llegada de Nicolás como maestro cervecero ha supuesto además un nuevo impulso creativo. Hablamos con Carlos sobre el presente y el futuro de Castreña, su evolución, la relación entre cerveza y gastronomía y los nuevos retos que afronta el sector.
¿En qué momento está Castreña ahora mismo?
Estamos en nuestro mejor momento. Podemos decir que estamos jugando ya en primera división. Hemos salido de las categorías de abajo. La llegada de Nicolás, nuestro maestro cervecero, hace dos años nos metió un aire nuevo de frescura al equipo que ya formaba Castreña. El buen trabajo está dando sus frutos en forma de reconocimientos, concursos, certámenes y, sobre todo, con la aprobación del público. Aquí la gente viene, bebe Castreña y le gusta Castreña.
¿Castreña es de Carucedo?
R: No. Nosotros somos de Ponferrada, que está a unos 20 kilómetros de Carucedo. Llegamos aquí de forma accidental en 2015, buscando terminar esa etapa de cerveceros nómadas que habíamos empezado años atrás. Nuestra idea siempre había sido tener una fábrica. Para montarla necesitas necesitas conocimientos y clientela. Esos años nómadas, elaborábamos en Cerveza Milana, en Valladolid. Esta etapa nos permitieron formarnos, conocer el panorama y el sector. Cuando vimos que era el momento adecuado, nos lanzamos. La idea inicial, eso sí, no era montar la fábrica aquí. Queríamos hacerlo en nuestro pueblo, en el Valle de Fornela, en una pequeña aldea donde hoy habrá siete u ocho vecinos.
¿Llegasteis a montar allí la fábrica?
Sí. Arreglamos la casa de mi abuelo, hicimos una inversión importante y compramos una máquina que había pertenecido a Cerveza Nos, de Vigo. Instalamos los fermentadores y tuvimos un pequeño problema que terminó convirtiéndose en un gran problema: el equipo era eléctrico y consumía 36 kilovatios. Eso obligaba a cambiar el transformador de la entrada del pueblo. Para una compañía eléctrica, cambiar un transformador puede ser una gestión rápida, pero nosotros estuvimos dos años esperando. Durante ese tiempo fabricábamos nuestra cerveza en Valladolid mientras teníamos nuestra fábrica montada en el pueblo, pero sin electricidad. Después de dos años decidimos abandonar el proyecto y buscar una nave cerca de Ponferrada.
¿Cómo encontrasteis la fábrica de Carucedo?
Una noche, de esas en las que estás inquieto y no puedes dormir porque tienes el proyecto en la cabeza, me puse con el móvil a mirar anuncios de naves. Encontré este sitio en un portal inmobiliario. Vi el precio y pensé que era raro: una nave grande, con un precio asequible. Todavía no era consciente del potencial turístico de la zona. Hablé con Nerea, que entonces era mi pareja y hoy es mi mujer, vinimos a verla, nos encantó. Volvimos una segunda vez con mis padres y mis suegros, también les gustó y decidimos comprarla. La compra fue a finales de 2019 y abrimos al público en 2021 este espacio que hoy conocemos como el Taproom de La Fábrica. Desde entonces, Castreña se fabrica al 100% aquí.
Abristeis a la puerta del Covid. Fue un momento especialmente complicado para poner en marcha un negocio hostelero…
Fue durísimo. Había ventanas en las que nos permitían salir y después volvíamos a estar encerrados. Castilla y León vivió el COVID de una manera especialmente dura. Podíamos abrir, pero con aforos muy limitados y había mucha psicosis. La gente no quería ir a los bares. Nosotros teníamos una web, pero las ventas online eran prácticamente nulas. No pagábamos ni un kilo de sal. Castreña estuvo a punto de desaparecer. Hasta entonces éramos una empresa que hacía cerveza con un tercero, como cerveceros nómadas, y vendíamos en ferias. El COVID nos hizo darnos cuenta de que éramos, básicamente, feriantes. Teníamos un 2021 programado con muchas ferias, muchísima cerveza en la cámara y, de repente, ninguna feria. Perdimos unos 20.000 euros en barriles. Eso, unido a que estábamos construyendo la nave, nos obligó a replantearnos qué queríamos que fuera Castreña. Y lo entendimos: nuestro camino tenía que ser este proyecto, La Fábrica, nuestro Taproom. Teníamos que hacer un esfuerzo adicional para convertir la nave en un punto abierto a la gente de la zona durante todo el año.
Entonces, ¿Castreña es también un proyecto de vida?
Sí. Desde el principio, cuando estábamos en el pueblo y arreglábamos la casa de mi abuelo, pensábamos incluso en hacer una casa de turismo rural cervecera. Siempre hemos apostado mucho por la cerveza porque nos encanta, pero también hemos querido mantener una relación muy fuerte con lo rural. Carucedo encajaba perfectamente. Es un pueblo precioso y estamos en una zona espectacular desde el punto de vista turístico. Tenemos Las Médulas a los pies, el lago, una zona de baño preciosa… En verano es una zona tremendamente dinámica.
Habéis sido también pioneros en una zona tradicionalmente vinculada al vino...
El Bierzo es una zona de vino, totalmente. Pero también tiene un germen cervecero importante. Ahora mismo podemos ser una de las ocho o nueve marcas que existen en la comarca. El Bierzo es pequeño y Castreña es una marca más, pero sí es verdad que hemos conseguido darle bastante impulso. Tenemos la fábrica, dos locales en Ponferrada y una marca bastante consolidada. Somos una marca muy visible y activa y también tenemos bastante presencia fuera de la zona.
¿Cuándo os dais cuenta de que habéis dado en el clavo?
En el momento de abrir la fábrica. El 19 de marzo de 2021 pasaron por aquí más de 400 personas. Al fin de semana siguiente nos preguntábamos qué iba a pasar: ¿Había sido solamente el efecto novedad? Pues volvimos a tener unas 600 personas bebiendo cerveza y comiendo hamburguesas. Gente que se desplazaba desde Ponferrada, a 30 minutos en coche, o desde otros puntos a una hora de distancia, simplemente para tomarse una cerveza y una hamburguesa. Ahí vimos que habíamos hecho algo que funcionaba. En casa empezaron a felicitarnos y a decirnos: “Habéis montado algo muy gordo. Ahora hay que tener cabeza y saber gestionarlo”. Y eso hemos intentado hacer.
¿Qué es lo que ha cambiado desde ese momento?
Muchísimo. Seguimos siendo los mismos, mantenemos los contactos cerveceros de siempre y a nivel personal no ha cambiado nada. Pero a nivel empresarial ha cambiado todo. Hemos pasado de elaborar 200 litros de cerveza que nos duraban tres o cuatro meses a fabricar entre 4.000 y 8.000 litros al mes, dependiendo de la temporada. Ahora tenemos tres locales y una plantilla de 19 personas. Para nosotros también ha sido un aprendizaje porque no teníamos experiencia en hostelería más allá de servir cerveza en una feria.

¿Cuál es el universo Castreña?
A día de hoy es cerveza de calidad y comida. No podemos concebir Castreña sin una buena hamburguesa y tampoco una hamburguesa sin una Castreña. En nuestra zona de influencia, especialmente en Ponferrada, creo que nos hemos posicionado como referentes en street food y hamburguesas y, a nivel de cerveza craft, estamos en la misma línea. Trabajamos los siete días de la semana. Nuestros bares no cierran. Formamos a la gente y buscamos la excelencia en el servicio. No somos un bar normal.
¿Era necesario tener puntos de venta propios para que el proyecto pudiera crecer?
Es prácticamente imposible de otra manera. Aquí en El Bierzo hay muchas marcas de cerveza, pero no tienen visibilidad. El bar de la zona actualmente no compra tanta cerveza craft y eso te obliga a montar tus propios puntos de venta, hacerte hostelero y adquirir conocimientos de restauración y cocina. Hoy Castreña es un proyecto mucho más ambicioso. Tenemos distribución, seis distribuidores en España, venta local y nuestra propia rama de hostelería. Queremos seguir creciendo y abrir más bares.
¿Cuál es vuestra hoja de ruta?
Ahora queremos ganar un poco más de presencia en Ponferrada. Tenemos dos locales en dos zonas y queremos estar también en la zona alta, la zona vieja. Después queremos dar el salto a otras ciudades, pero siempre manteniendo la cercanía. León y Lugo son dos objetivos claros. Son ciudades mucho más grandes, con más vida económica que Ponferrada y están aproximadamente a una hora de aquí. Eso nos permitiría mantener un control bastante bueno del proyecto. La fábrica seguirá siendo el corazón.
Y en ese universo Castreña, ¿cómo desarrolláis la relación entre cerveza y gastronomía?
Hoy la unión perfecta es cerveza más comida. En nuestro caso, cerveza más hamburguesa o perrito. Y la creadora de todo esto es Nerea.Le encanta cocinar, tiene mucho gusto y mucho sabor. Además, le encanta viajar para comer. Yo estoy muy bien asesorado por ella. Todas sus decisiones gastronómicas son muy buenas. Todo sale de su cabeza. Tenemos una carta diferente en verano y en invierno porque también cambia el público y el volumen de gente. Ella desarrolla las cartas de nuestros distintos locales y está constantemente innovando.
¿Cómo encontráis el puente entre la cerveza y la comida?
Es bastante natural. Cuando vas a un sitio, tomas una cerveza y estás a gusto, normalmente no te quedas en una sola. En nuestros locales tienes ocho o diez grifos y te apetece probar. Además, si tienes un buen servicio y una persona que te explica el origen del estilo y lo que vas a tomar, te entra curiosidad por probar otra. Cuando llevas dos cervezas, te apetece comer. Y ahí tenemos una propuesta gastronómica buena, apetecible y a un precio competitivo. Una de nuestras fórmulas para el éxito está siendo tener un buen precio. Tenemos muchas nóminas, facturas e hipotecas, pero queremos ofrecer un precio de entrada bueno. Queremos que la gente se acerque a una cerveza diferente, real y desenfadada. Y queremos que la hamburguesa, que vive su mejor momento, sea accesible para todo el mundo. Queremos democratizar el buen gusto. Que alguien que quiera disfrutar de una cerveza o una hamburguesa bien hechas pueda permitírselo y que no sea algo reservado al fin de semana. Un negocio no puede funcionar solamente los sábados y domingos. Tiene que funcionar los siete días.

¿Qué catálogo de cervezas tiene Castreña actualmente?
Tenemos una línea core de ocho estilos. Son nuestras referencias clásicas: Kryptonipa, Apache, Lager, 88 Super, dos hidromieles y otras referencias. Además, intentamos sacar una o dos novedades cada mes. En agosto hemos sacado dos y en septiembre llegan otras dos. También hacemos colaboraciones. Tenemos una con La Caníbal, de Madrid, y con Bacterio hemos hecho una Sour con albaricoque. Y después llega octubre, cuando en El Bierzo la castaña tiene muchísimo peso. Ahí vuelve ‘Toma Castaña’. Siempre que hacemos algo de temporada, la gente responde muy bien. Y luego está la parte de las novedades, cervezas que salen y quizá no vuelven a ver la luz. Es una decisión que tomamos Nicolás, Nerea y yo porque queremos seguir experimentando.
Cuando echas la vista atrás, ¿qué queda de aquella Castreña de 2015?
La capacidad de trabajo, la energía y la ilusión. Eso está intacto. Es lo que nos hace levantarnos cada día con fuerza y pensar que en este mundo no te puedes dormir en los laureles. Hay que seguir creando. Empezamos haciendo una cerveza con miel y poco a poco fuimos dándole vueltas para hacerla más universal. Hoy llegamos a muchísima gente cada semana. A veces miro atrás y recuerdo a Carlos y Nerea en 2015, haciendo una feria en un pueblo y vendiendo dos barriles de cerveza. Estábamos encantados. Terminábamos una feria, llamábamos a nuestros padres y les decíamos: “Hemos vendido dos barriles”. Nos llevábamos 400 o 500 euros para casa y estábamos felices. Esa ilusión la seguimos teniendo. La diferencia es que ahora somos conscientes de que cuando íbamos a aquel pueblo Castreña la probaban 80 o 200 personas. Hoy, en un solo fin de semana, la prueban 2.000 personas aquí, además de toda la que se consume fuera a través de nuestros distribuidores.
¿Y ahora tenéis vértigo con 19 nóminas, tres locales y todo lo que supone el proyecto?
Ahora no tenemos vértigo. Lo que tenemos es más prudencia. Cuando no tienes absolutamente nada te la juegas sin problema. Te tiras a la piscina sin agua porque tienes que encontrar tu camino y hacer locuras para que la rueda empiece a girar. Pero cuando la rueda ya gira, tienes que tener cuidado. No puedes hacer apuestas locas ni inversiones absurdas. No puedes dejarte llevar por los vientos favorables. Ahora no estamos solos Nerea y yo. Hay un equipo que mantener, unos estándares de calidad y unos compromisos que atender. Queremos crecer y creceremos, pero ahora todo se estudia muchísimo. Todo se revisa dos veces.
Me hablabas antes de seis distribuidores. ¿Dónde está llegando actualmente Castreña?
Estamos vendiendo en Barcelona, Madrid, Andalucía, Valladolid, Galicia, Asturias y un poquito en Portugal. Ahora Castreña está en muchos más sitios que nunca. Hemos pasado de ser una fábrica muy local y de dejar de hacer ferias a apostar por que la gente viniera aquí, nos pusiera cara y conociera a esos dos chavales del Valle de Fornela que habían montado una fábrica en Carucedo y hacían buena cerveza y hamburguesas. Esa fase era necesaria y creo que la hemos pasado con muy buena nota.
¿Cómo es vuestro trabajo ahora?
Estrategia y organización. Castreña ya no puede funcionar de una manera caótica, como quizá podía hacerlo hace unos años. Ahora trabajamos a dos meses vista. Las elaboraciones se planifican con dos meses de antelación, las colaboraciones también. Ahora mismo, por ejemplo, ya estamos preparando la Navidad. Hay muchísimo trabajo de ordenador que la gente no ve, tanto Nerea como yo. Pero es fundamental para que todo funcione.
Una curiosidad: Cuando desarrolláis una cerveza nueva, ¿pensáis primero en la cerveza o en la comida?
Cuando hacemos una cerveza no pensamos solamente en la cerveza. Pensamos también en hacia dónde la vamos a dirigir y quién se la va a beber. Por ejemplo, si Castreña tuviera que empezar hoy, seguramente no empezaríamos con la 88 Super, que fue nuestra primera cerveza. Era una cerveza muy maltosa, de estilo belga, con mucho alcohol y mucha miel. En 200 litros llegábamos a meter 16 kilos de miel. Antes tomabas una Castreña y parecía que te venían todas las abejas detrás. Era una cerveza que alguien probaba y probablemente no repetía. Hoy pensamos mucho en nuestro público. Tenemos tres locales y contamos con muchísima información sobre lo que quiere la gente. De momento, Castreña es cerveza. Pero estamos trabajando para ofrecer otro tipo de bebidas que podamos fabricar nosotros mismos. Hablo de hard seltzer, hop water… Creo que es un paso muy importante para una fábrica. Una fábrica de cerveza tiene que leer los datos. El consumo de alcohol está bajando y el de cerveza sin alcohol está creciendo. Pero además ves que mucha gente joven que viene a nuestros locales bebe Aquarius, agua o agua con gas y no pide cerveza. Esa es la gente del futuro. El que hoy bebe cerveza con 60 años quizá dentro de 20 años no la beba. Por eso tenemos que saber quién es nuestro público actual, porque ese será el público de mañana.




