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Mayte Pardo (Cervezas Althaia): «El futuro pasa por reforzar nuestro carácter local, hacer marca y estar siempre al pie del cañón»

Cervezas Althaia ha convertido su fábrica en un foco de atracción cervecero y gastronómico

Mayte Pardo forma junto a Jorge Sánchez la dupla que lleva las riendas de Cervezas Althaia, cervecera de Altea que acumula más de una década de vida con una fórmula irrenunciable: cerveza de calidad, gastronomía, producto local y artesano y un tap room en la fábrica que se ha convertido en una referencia que ahora mismo está producción ya en torno a los 12.000 litros / mes y ha convertido su tap room en un punto de encuentro premiado con un Solete Repsol. Con Mayte hablamos del presente y el futuro de Cervezas Althaia.

En las últimas semanas, estáis virilizando a través de la cuenta de Youtube de Althaia, la forma de vivir de los cerveceros artesanos. ¿Es una reivindicación del estilo de vida actual de los que os dedicáis a este negocio?

Es que la vida de cualquier autónomo y sobre todo en el mundo de la cerveza artesana. Hacemos de todo y hay que saber de todo. Nuestro negocio se divide en departamentos. Jorge lleva todo lo que producción y yo la parte del departamento comercial junto a Alejandro y entre los tres, hacemos de todo. Es un día a día de locos.

¿Cómo habéis cambiado desde el año 2014, cuando abristéis vuestras puertas?

Abrimos la puerta por primera vez en agosto de 2014, el 1 de agosto. Son ya doce años. Hemos cambiado mucho, aunque el espíritu sigue siendo el mismo. Hemos cambiado nosotros, el negocio y el sector, pero la esencia sigue siendo la misma: que es hacer buena cerveza. Es el pilar fundamental que mueve este negocio. Hemos visto ya muchas cosas: desde las modas iniciales hace una década, también otras tendencias como las hiper novedades constantes, que ya es algo no tan masivo. Ha habido momentos del negocio con una inercia propia, con un mercado que iba hacia adelante. El 17 y el 18 fueron los años más potentes. Posterior al COVID, ha habido que trabajar muy duro para que la gente reconozca tu marca. Hay mucha gente que quiere probar sabores, probar cervezas nuevas, los buenos restaurantes se están fijando también más en la cerveza diferente…

Comentas que el negocio ha cambiado mucho menos en la esencia, pero ¿cómo habéis cambiado vosotros?

Yo personalmente, creo que los dos hemos madurado a base de errores, de meter la pata y llevarnos muchos sofocones pero también hemos vivido cosas muy positivas. Ahora somos más maduros, somos más conscientes de que hay que trabajar muy duro y de todo lo que nos falta por aprender. Nos tenemos que adaptar continuamente. Somos padres, hemos aprendido qué es esto de la conciliación, que en un sector como éste, me ha penalizado el ser madre, aunque estoy convencida de que es temporal. Pero estoy contenta con ello, pero es la realidad que hay y hay que tomar decisiones como priorizar los primeros años de mi hija. Antes teníamos como una energía más joven.

¿El Tap room y la nueva fábrica han significado un antes y un después para la cervecera?

La nueva fábrica fue un antes y un después. Empezamos en una fábrica muy pequeña. Éramos conscientes de que había que escalarlo para vivir de esto. Jorge y yo somos realmente apasionados del mundo de las fermentaciones. Teníamos muchas ganas de dar el salto y darlo bien. El proyecto lo pensamos muchísimo. El COVID nos retrasó los planes y eso nos dio tiempo para reflexionar más. El tap room es un sitio en la fábrica donde poder contar lo que estás haciendo. Eso era muy importante. Para el pueblo donde estamos, la parte de turismo es clave. El tema de las visitas quisimos profesionalizarlo, hacerlo más abierto al público, ampliar horarios… también crear una sala de conciertos, que era una ilusión. Queríamos tener un sitio donde crear cultura y que la gente viniera y estuviera a gusto. Que fuera un espacio donde apetezca ir.

¿Tenéis contabilizado el público que atrae el Tap Room?

Tenemos unas 3000 visitas con cata maridaje anuales. No tenemos cuantificada la parte del taproom pero hay fines de semana que recibimos 300 personas. Hay temporadas altas y bajas. En el aniversario suele venir mucha gente.

Hace unas semanas, recibisteis un Solete de Repsol. Un premio importante que avala vuestro proyecto cervecero y gastronómico. ¿Cómo tenéis articulado en Altahia el binomio cerveza y gastronomía?

Uno siempre quiere poner en su casa lo que le gusta. Somos buenos bebedores de cerveza, pero también buenos comedores. Desde el principio, el tap room venía con comida. Era fundamental. Nuestro planteamiento fue muy sencillo. No tenemos una cocina caliente pero desde el principio hemos buscado proveedores locales y productos artesanos de calidad: embutidos que cortamos al momento, quesos locales de San Antonio; hemos buscado productos de la zona como pan artesano, coca alicantina, pan que aprovecha parte de nuestro bagazo; alfajores y dulce de leche de aquí…siempre proveedores cercanos. Hemos conseguido tener un producto de calidad y artesanal, todo muy cuidado. También ofrecemos pizzas y bocaccias artesanas que nos hace un artesano del pueblo; patatas de forma artesanal. Son cosas sencillas, que se agradecen. Esto es diferenciar lo artesanal de lo industrial. El producto tiene otros matices.

Tras el Solete de Repsol, ¿Habéis notado que llega más gente a vuestra fábrica?

Hemos notado la subida. Hay más preguntas de si hay que reservar. Hay más interés. Los premios te ayudan a constatar que estás por el buen camino y a coger energía. Que tu espacio sea diferente y que lo recuerde, que la gente esté a gusto

¿Cómo es vuestro catálogo de cervezas?

Estamos reduciendo un poco el catálogo, pero no es fácil. Lo que vamos a ir haciendo es ir sacando cervezas que hemos hecho siempre, pero en ediciones limitadas. Tenemos algunas cervezas estacionales y luego podríamos dividir nuestro catálogo en las imprescindibles y las ilustres. Las primeras son las que más producimos: la lager, la IPA, la marzen…y estamos también incluyendo las sin alcohol, IPA y tostada. La sin alcohol es la top venta on line. Con la cerveza sin alcohol queremos conseguir que sean cervezas de verdad y los consumidores lo agradecen.

Las Ilustres, que son aquellas que nos hizo las ilustraciones una artista local. Son las imperial stout, las doble IPAs…las hacemos con todo el cariño. Dentro de eso hay referencias que cada vez están gustando más. Son decisiones que hay que tomar. Decidimos que nos gustaban ciertas referencias que no queríamos cambiar, pero si mejorar. Vamos mejorando lotes. Se venden muy bien.

¿Cómo es la relación con la hostelería de vuestro entorno?

Con la hostelería hemos logrado romper la barrera, aunque sigue habiendo muchos obstáculos. Sí hemos roto barreras con la IPA clásica, que está casi a la par con la Lager. Es un orgullo para nosotros que a nivel local se pueda encontrar esa cerveza.

¿Habéis alcanzado en este momento la estabilidad después de tanto luchar estos años?

Al final de doce años te das cuenta de que no puedes dar por hecho nada. El negocio no va solo. Hay que alimentarlo, hacer marca, estar al pie del cañón, pero sí que tenemos un poco más de tranquilidad. Muchas de las decisiones que hemos tomado estos años, pensamos que han sido acertadas, como la apuesta por ser una cervecera local, donde hemos puesto mucho esfuerzo. Hemos tenido muchas dudas, pero creo que hemos acertado.

Y ¿por dónde va a ir el futuro?

El futuro va en ir buscando esa estabilidad de la que hablamos. El futuro es que no nos podemos dormir en los laureles. Hay que seguir machacando el tema de la cultura cervecera. esto es una carrera donde hay muchos competidores. El futuro va por seguir trabajando y por intentar que los locales y la hostelería cuenten con buenos productos y que apuesten por cerveza de calidad.

¿Cuál es vuestra postura con la línea de sacar novedades de manera periódica?

Hacemos cositas, pero mucho a nivel local, que es donde sacamos pequeños lotes. Nos sigue gustando hacer nuenas cervezas, aunque nuestro modelo es mejorar lo que ya tenemos.

¿Cuál es tu diagnóstico del sector en la actualidad?

Yo creo que parte de cómo se ve ahora es lo que tenía que ocurrir. Hubo un boom, cierta estabilización y habrá cierres. Nos apena mucho que cierren compañeros y cuando cierran locales de especialidad. Nos gustaría que se abrieran más locales de craft pero también que haya un público estable. Hay que seguir trabajando muchísimo, apoyándonos entre nosotros y creo que hay mucho espacio y recorrido para crecer

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